Cuando hablamos de autismo solemos pensar en comunicación, socialización o conductas repetitivas. Sin embargo, hay un aspecto que impacta directamente en la vida de las familias y muchas veces pasa desapercibido: la alimentación.
La hora de la comida puede ser un reto. No hablamos solo de lo que se come, sino de cómo se vive el momento de comer: rutinas rígidas, rechazo a ciertos alimentos, preferencia por unos pocos platos…que pueden llevar a conductas y crisis de ansiedad extremas, que son de gran impacto tanto para el niño/a como para los adultos que lo acompañan.
Lo que para unos puede parecer una “manía”, para una persona con autismo puede ser una necesidad real de regulación sensorial y emocional. La buena noticia es que hay estrategias prácticas que nos permiten acompañar este proceso y ayudar a ampliar poco a poco la dieta.
Retos frecuentes en la alimentación en autismo
- Selectividad alimentaria por sensibilidad sensorial: se consumen muy pocos alimentos y se rechazan otros por su textura, olor o apariencia. Ciertos ruidos, colores o sabores pueden resultar insoportables, mientras que otros se buscan de forma insistente.
- Selectividad alimentaria por inflexibilidad cognitiva: necesidad de comer siempre lo mismo, de la misma marca y preparado de la misma forma, o también por
- Selectividad alimentaria voluntaria: el niño/a es consciente de que tras la conducta explosiva tiene un refuerzo positivo: no consumir el alimento que no desea, por lo que la lleva a cabo voluntariamente.
Estrategias para introducir alimentos paso a paso
La clave está en respetar los ritmos y reducir la presión, ofreciendo experiencias positivas con la comida. Estas fases pueden ayudar:
1. Acercamiento sin presión
Coloca el nuevo alimento en la mesa, sin obligación de comerlo. El primer objetivo es familiarizarse con su presencia.
2. Explorar y jugar
Permite que el niño/a lo toque, huela o juegue con él. Cocinar juntos también es una buena manera de reducir el rechazo inicial.
3. Contacto con la boca
Cuando ya no hay rechazo al verlo o tocarlo, se puede animar a llevarlo a la boca sin necesidad de tragarlo. Incluso morder y escupir es un gran avance.
4. Degustación mínima
Introducir un trozo muy pequeño, mezclado con un alimento preferido. La clave es que la cantidad sea tan pequeña que no genere ansiedad.
5. Consolidar y avanzar
Si se acepta, aunque sea en mínima cantidad, se va aumentando poco a poco. Es mejor introducir un alimento cada vez y consolidar los logros antes de pasar al siguiente.
Consejos prácticos para el día a día
✔️ Anticipar los cambios: mostrar con antelación qué habrá en el plato.
✔️ Combinar lo nuevo con lo seguro: acompañar el alimento desconocido con otro que ya se acepta.
✔️ No forzar: la presión genera rechazo. La confianza abre puertas.
✔️ Valorar cada logro: aunque sea un pequeño acercamiento, es un gran paso.
✔️ Apoyarse en profesionales: logopedas, terapeutas ocupacionales y nutricionistas especializados pueden guiar el proceso.
Un camino compartido
La alimentación no es solo nutrición, también es calidad de vida. Para una persona con autismo, ampliar la dieta puede significar más bienestar físico, menos estrés familiar y más oportunidades de socialización.
En Diver Aula queremos acompañar a familias y profesionales en este proceso. Por eso, este artículo es solo un primer paso: en el futuro ofreceremos formaciones específicas sobre alimentación en autismo, con recursos prácticos para aplicar en el día a día.
👉 Porque comer no es solo alimentarse. Comer también es aprender, disfrutar y compartir.